Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí; porque en ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé hasta que pasen los quebrantos. 2- Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que me favorece. 3- Él enviará desde los cielos, y me salvará de la infamia del que me acosa; Dios enviará su misericordia y su verdad.
Salmos 57: 1,3 RVR1960 (énfasis añadido)
Este salmos lo escribió David cuando se escondió de Saúl en una cueva, la cueva de Adulam, quien lo perseguía para matarlo. (1Samuel 22:1 RVR)
David conocía y tenía una fe firme al Dios que lo favorecía; y a pesar de su aflicción que lo llevó a esconderse y a aislarse, de su temor a la muerte, de su impotencia; él tuvo una actitud y una mentalidad de "favorecido", de ser lleno del favor de Dios.
Y lo interesante de esta historia, es que allí se le unieron sus parientes, personas afligidas, endeudadas y con amargura de espíritu. (1Samuel 22:2 RVR)
¿Qué hizo David y qué les enseñó a los 400 que se unieron con él?
Adoraron y alabaron a Dios (Sal.57: 1,7: 11).
¿Y cuál fue el resultado?
Fueron transformados en hombres valientes y con coraje, su autoestima e identidad fueron restauradas y se convirtieron en los valientes de David para conquistar a Israel.
Quizás nosotros nunca hemos experimentado una situación como la de David y sus valientes. Pero cuál es nuestra actitud cuando estamos deprimidos, angustiados, cuando nos sentimos rechazados o tenemos miedo? ¿Nos auto compadecemos, nos encerramos en nosotros mismos o maquinamos venganza?
Dios nos ha coronado con favores y misericordias. (Salmos 103:2)
Despojémonos de la corona del dolor, del rechazo, del miedo y del sufrimiento.
Vivamos con una mentalidad de favorecidos.
DIOS TE BENDICE.
Bibliografía: Comentario bíblico Diario Vivir. Apóstol Juan Crudo.
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