Sigamos examinando a la luz de La Palabra de Dios qué clase de fe tenemos.
Recordemos que la fe genuina tiene la convicción de quién es Cristo y su obra redentora, de manera que si confesamos que él es el Señor y creemos que Dios lo levantó de los muertos, sea la manifestación del corazón y no una simple repetición. (Romanos 10: 9,10 RVR).
Que la fe genuina manifestará un nuevo tipo de relación con Dios y su Hijo Jesucristo: tiempo aprendiendo Su Palabra para obedecerlo, de oración, de congregarme y de ayuno.(Juan 14 23 PDT)
La fe genuina va acompañada de la manifestación del Espíritu Santo. Se produce cambios visibles tanto en el área moral como en el carácter, en la manera de relacionarse con Dios y con las otras personas y en la misma actitud hacia el pecado. La fe verdadera produce verdaderamente cambios poderosos en nuestras vidas.
La práctica del pecado sin confesión y arrepentimiento es una señal que no hemos conocido a Cristo y por lo tanto, es una fe fingida.
Y esto mismo sucede con ustedes: oyeron el mensaje de la verdad, o sea, las buenas noticias de su salvación y creyeron en Cristo. Por medio de él, Dios les puso el sello del Espíritu Santo que había prometido. (Efesios 1 13 PDT).
El Espíritu Santo produce un nuevo nacimiento, su sello nos habla de intervención en nuestra vida manifestando la condición como hijo de Dios.
REFLEXIÓN:
¿Somos los mismos desde cuando estamos escuchando el mensaje de salvación?
¿Qué cambios hemos experimentado en nuestras vidas?
DIOS TE BENDICE.
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