Había una vez un rey que decidió visitar un buque que contenía esclavos traídos de África, al entrar al mismo encontró a muchos esclavos atados con cadena y acercándose a ellos le preguntó a cada esclavo del buque una simple pregunta: ¿Por qué están encadenados? Uno de ellos respondió: “No sé, yo estaba en medio de una multitud cuando se cometió un crimen, pero soy inocente”. Le preguntó a otro que estaba a su lado, y tú, ¿por qué estás encadenado? “No lo sé, pero no soy culpable, soy víctima de falso testimonio”. El rey procedió a preguntarle a cada hombre de los que estaban encadenados, y cada uno tenía una explicación del por qué era inocente. Por último, se acercó a un pobre hombre cabizbajo que estaba en la parte de enfrente y le preguntó: Y tú, ¿porqué estás encadenado? Y mirándole con tristeza replicó: “Yo estoy aquí porque merezco estar aquí. He pecado contra Dios y contra mi rey, y ahora estoy pagando mi sentencia, porque reconozco que soy pecador”. ...
DEVOCIONALES DIARIOS QUE ESTRECHARÁN TU RELACIÓN CON DIOS, MIENTRAS CONOCES DE SU PALABRA