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DEVOCIONAL: SEGUNDA LEY DE LA COSECHA (2)

RECOGEMOS LO MISMO QUE SEMBRAMOS.

No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; más el que siembra para el Espíritu segará vida eterna. (Gálatas 6: 7, 8 RVR) 

A Sansón Dios le encargó que liberara a su pueblo de los filisteos. Fue nacido como resultado del plan de Dios, "salvar a Israel de mano de los filisteos".
Para ayudarlo a cumplir el plan, Dios lo dotó de una enorme fuerza física y tenía que ser nazareo. 
Nazareo era la persona que mediante un voto se apartaba para el servicio de Dios. Como nazareo, Sansón no podía cortarse el pelo, tocar ningún cadáver ni beber nada que tuviera alcohol.
Pero Sansón violó su voto y las leyes de Dios: tomó un panel de miel del cadáver de un león, organizó el banquete y su fiesta de matrimonio con una filistea  donde normalmente servían vino, gastó sus fuerzas en bromas y para salir de apuros y lo entregó todo para satisfacer a la mujer amada. (Jueces 14)
A Sansón lo controló la sensualidad, confió en gente equivocada , utilizó neciamente los dones que Dios le dio y le reveló a Dalila su secreto.
Sansón sembró para la carne y cosechó su propia destrucción y muerte. Terminó sus últimos días moliendo grano en una prisión enemiga, le sacaron los ojos y sirvió de juguete a los filisteos.
Al final, Dios tuvo misericordia de él y le otorgó ayuda sobrenatural para que cumpliera su propósito.

REFLEXIÓN:

Dios tiene un plan y un propósito para con cada uno de nosotros. Nos da dones y talentos para que lo podamos llevarlo a cabo. Pero, ¿Cómo los estamos utilizando? ¿A dónde lo estamos sembrando? ¿En quién lo estamos sembrando?

ORACIÓN:

Señor, por favor, háblame a través de ésta historia para que tome una decisión de sembrar para el Espíritu teniendo la convicción que me has capacitado para poder hacerlo y que en el tiempo estipulado segaré vida eterna. En el nombre de Jesús, te doy muchas gracias. Amén.

DIOS TE BENDICE.





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