1Corintios 12:26, dice: “De manera que si un miembro padece,
todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los
miembros con él se gozan”.
No podemos buscar la felicidad poniendo la
independencia como valor central de nuestra vida. Cualquier logro en la vida
afectiva pasa necesariamente por depender en cierta manera de nuestra familia, nuestro esposo, esposa, hijos, vecinos, hermanos en la fe. Es cierto
que la mayor fuerza para cambiar depende en gran parte de uno mismo, pero
también sabemos que las personas que nos rodean pueden ayudarnos o estorbarnos
en ese camino.
La capacidad para cambiar se ve reforzada
cuando sabemos convivir con los demás, cuando sabemos trabajar en equipo,
cuando logramos estar cercanos a las personas que componen nuestro entorno.
Compartamos nuestro mundo con otros.
Cuanto más damos, más nos será dado.
Cuanto más participamos, más daremos y
más recibiremos.
REFLEXIÓN:
¿Cómo
evalúas tu interdependencia en relación con tu familia?
OREMOS:
Te
doy gracias Señor por mi familia. Te invito para que seas el centro en nosotros
y repréndenos si caemos en el egoísmo o
en la autosuficiencia. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén-
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