Jesús estaba sentado cerca de la caja del dinero del templo y veía cómo la gente daba sus ofrendas. Muchos ricos daban bastante dinero. Luego vino una viuda y dio dos pequeñas monedas de cobre que valían muy poco.
Jesús llamó a sus seguidores y les dijo: Les digo la verdad: esa pobre viuda echó más que todos los demás a la caja del tesoro del templo. Porque los demás dieron de lo que les sobraba, pero ella, a pesar de su pobreza, entregó todo lo que tenía para vivir. (Marcos 12: 41,44 PDT)
No debemos sentirnos avergonzados si solo pudimos dar una pequeña ofrenda. Lo que vale es la actitud, la motivación de nuestro corazón. Porque Dios ama al dador alegre. (2 Corintios 9:7)
OREMOS:
Gracias Señor por enseñarnos a través de Tu Palabra, gracias por corregirnos y gracias porque en ti podemos mostrar gratitud y reconocer que todo lo que tenemos y todo lo que somos es porque a ti te ha placido dárnoslos. En el nombre de Jesús. Amén.
REFLEXIÓN:
¿En qué ocasiones me he sentido avergonzado al sembrar, creyendo que es muy poco lo que tengo?
DIOS TE BENDICE

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