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DEVOCIONAL: EL PRIVILEGIO DE SER HIJO DE DIOS

 


Los que somos padres hemos experimentado la alegría que se siente cuando llega un bebé a nuestra casa. Lo tomamos en nuestros brazos, le acercamos la mano a la suya y nos agarra el dedo con fuerza, como si no quisiera soltarnos nunca más y cuando ya tienen unos días más nos sonríen, nos inspira ternura y sentimos una gran felicidad que no podemos describirla. Sin duda, ha llegado un nuevo miembro a la familia que invade con su presencia toda la atmósfera de amor y de alegría.

Si nosotros por naturaleza siendo malos miramos con amor, dulzura y ternura a nuestro hijo recién nacido, ¿cuánto más lo hará Dios con nosotros cuando nos hacemos sus hijos? Recuerdan que ¿Dios nos ama con ternura? La etimología hebrea nos enseña que la palabra “cordón umbilical” se deriva de una raíz que se traduce “ternura”, “cariño”. Es decir, que el cordón umbilical y la ternura son inseparables, son el vínculo que une a la madre con el niño. Es un amor desde lo más profundo de las entrañas. Con este amor, nos ama nuestro Padre Celestial. 

Ser hijo de Dios es lo más trascendental de lo que nos podemos imaginar. Él nos mira como esos niños indefensos que somos tanto en lo físico como en lo espiritual, nos tiende su mano para guiarnos y protegernos, para brindarnos paz, fuerza, perdón y salvación.

El apóstol Juan dice: “¡Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos, ¡y eso es lo que somos! Pero la gente de este mundo no reconoce que somos hijos de Dios, porque no le conocen a él. (1Jn.3:1) NTV.

El amor de Dios se expresa en su Hijo Jesucristo cuando él vino a rescatarnos para darnos salvación a través de su obra en la cruz. Si creemos y lo recibimos en nuestro corazón, él nos dará el privilegio de ser hijos de Dios, salvación y vida eterna. Es por fe, es confesarlo con nuestra boca con fe.

 

REFLEXIÓN:

¿Qué sentimientos o pensamientos vienen a mi mente al comparar el amor de un padre por su bebé y del amor de Dios por sus hijos?

OREMOS:

Gracias Padre por amarme con un amor tan grande que no puedo imaginarlo. Gracias por rescatarme a través de tu Hijo para darme salvación y vida eterna. Gracias porque puedo contar siempre con tu amor, perdón, guía y fuerza para seguir adelante. Creo en la obra redentora de tu Hijo y decido aceptarlo y recibirlo en mi corazón para gozar del privilegio de ser llamado ¡hijo de Dios! Muchas gracias por tu Palabra. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                   ¡DIOS TE BENDICE!         

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