Después
que Nabucodonosor, rey de Babilonia, sitió a Jerusalén, ordenó al jefe del
Estado mayor, que trajeran al palacio a algunos jóvenes de la familia real de
Judá, de buen parecer, que fueran dotados de conocimiento y que tuvieran una
aptitud para aprender y ser capacitados en los caminos de los babilonios.
También le ordenó que les enseñara el idioma y la literatura de Babilonia para
que sirvieran en el palacio real. Debían ser entrenados por tres años y después
entrarían al servicio real. Esos jóvenes fueron Daniel, Misael y Azarías.
El rey
les asignó una ración diaria de la comida y del vino que proveían de su propia
cocina. Sin embargo, Daniel y sus amigos habían decidido a no contaminarse con
la comida y el vino dado por el rey y le pidieron permiso al jefe del Estado
mayor para no comer esos alimentos inaceptables.
Daniel y
sus amigos, tenían sus corazones llenos de La Ley de Dios y ésta prohibía la
dieta de los paganos que incluía animales considerados impuros y ofrecido a ídolos
(Lev.11: 44,47) Quizás ellos eran nazareos a quienes también
se le estaba prohibido ingerir vino. (Números 6:2,3).
Daniel y sus amigos propusieron en sus corazones obedecer la Ley de Dios y actuar según sus convicciones. Ellos no se acomodaron al mundo de su época y el cumplir la voluntad de Dios fue el propósito apasionante de sus vidas. Las Leyes de Dios estaban por encima de la cultura que no honraba a Dios.
REFLEXIÓN:
¿Cuál crees que es la clave para poner
por encima de todo La Palabra de Dios?
¿Podremos proponer en nuestro corazón
hacerlo?
OREMOS:
Señor,
reconozco que necesito de Ti, reconozco que mis convicciones aún son muy
débiles, reconozco que me falta conocimiento, pasión y amor por Ti y por Tu
Palabra. Pero Daniel y sus amigos me retan a que sí puedo hacerlo. Meditando en
Tu Palabra todos los días lo lograré. En el nombre de Jesús, te doy muchas
gracias por tu ayuda. Amén.
DIOS TE BENDICE
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