Hace algunos años la película “Propuesta indecente”, produjo una
revuelta social en Estados Unidos, donde un multimillonario le ofrece al esposo
un millón de dólares a cambio de pasar una noche de amor con su mujer.
Una modelo de 19 años de edad, de Estados Unidos decidió subastar su
virginidad por internet. Un empresario de Abu Dhabi, ofertó
dos millones y medio de dólares
por su virginidad.
El político francés del siglo XVII, Joseph Fauché dijo: “Toda persona
tiene su precio, lo que hace falta es saber cuál es”.
El valor lo pone el postor con la mayor oferta que está dispuesto a
pagar. No valemos lo que creemos valer, ni tampoco lo que exprese la oferta más
baja. Valemos lo que está dispuesto a pagar el ´postor con la mayor oferta. Y
el mejor postor es Dios, Él ha hecho la oferta final y pagó un precio muy alto,
un precio con valor incalculable: la sangre preciosa de su Hijo. No hay dinero
que pague nuestro valor, ni oro, ni plata; solo Cristo lo pagó.
Comprender lo que hizo Cristo en la cruz por nosotros es lo que nos da
el valor verdadero, nos hace entender cuánto valemos y para qué fuimos
comprados: para ser suyos, para que estemos más cerca de Él y para limpiarnos
de nuestra maldad.
Dios los rescató a ustedes de la vida sin sentido que llevaban
antes; así vivían sus antepasados, y ellos les enseñaron a ustedes a vivir de
la misma manera. Pero ustedes saben muy bien que el precio de la libertad no
fue pagado con algo pasajero como el oro o plata, sino con la sangre preciosa
de Cristo, quien es como un cordero perfecto y sin mancha.
1Pedro 1: 18,19 (PDT)
REFLEXIÓN:
¿De qué manera te ves a ti mismo?
Oremos:
Gracias Padre por enviar a tu Hijo a redimirme por mis pecados. Gracias por el precio incalculable que pagaste por mi. Hazme entender quién soy en Cristo para valorarme como Tú me valoras y para poder acercarme más a ti. En el nombre de Jesús. Amén.
¡DIOS
TE BENDICE!
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