Es impresionante y asombroso la reacción de Jesús al recibir tantas acusaciones por personas influyentes, de manera pública, con sarcasmo e ironía.
Cuando le llevaron a un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba, la gente estaba atónita y decía: ¿Será éste el Hijo de David? Más los fariseos, al oírlo decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios. (Mateo 12: 22,24 RVR).
Los fariseos interrogan a un ciego de nacimiento y le preguntan: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve a Siloé y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. Y era día de reposo cuando Jesús hizo esto. Entonces alguno de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? (Juán 9: 1,16 RVR)
- Los fariseos difaman al Espíritu Santo atribuyéndole al diablo el poder con que Jesús había obrado,
- tratan a Jesús de manera despectiva cuando se preguntan ¿Será éste el Hijo de David?,
- dicen que no procede de Dios y lo acusan de ser un hombre pecador.
El pecado de los fariseos era el resultado de un continuo y obstinado rechazo a la verdad concerniente a Jesús.
Sin embargo, cuando lo maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba sino encomendaba la causa al que juzga justamente. Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigamos sus pisadas y expiar nuestros pecados. (1 P.2:21,24 RVR)
Solo con el poder del Espíritu Santo en nuestros corazones se podrá desarrollar su amor en nosotros.
DIOS TE BENDICE.

Amén
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