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DEVOCIONAL: “DIOS ES UN DIOS DE OPORTUNIDADES” (9)

 




 

Después de la muerte de Jesús, los discípulos estaban reunidos a puerta cerrada por temor a los judíos. Se les aparece Jesús y los saluda diciéndole: “la paz sea con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron, les repitió el saludo y les dijo: “Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes”. Acto seguido, sopló sobre ellos para que recibieran el Espíritu Santo. Tomás, no estaba con ellos. Los discípulos le dijeron: ¡Hemos visto a Jesús! Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos y meta mi dedo en las marcas y mi mano en su costado, no lo creeré. Repuso Tomás.

Una semana más tarde estaban los discípulos de nuevo en la casa y Tomás estaba con ellos. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús entró y, poniéndose en medio de ellos, los saludó. ¡la paz sea con ustedes! Luego le dijo a Tomás: “Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado y no seas incrédulo, sino hombre de fe. ¡Señor mío y Dios mío! Exclamó Tomás. Porque me has visto, has creído, le dijo Jesús; dichosos los que no han visto, y sin embargo creen. (Juan 20: 24, 29) NVI

Tomás fue el octavo discípulo de Jesús. Tomás tenía una mente analítica, lógica y escéptica. Tenía tendencia a la suspicacia, es decir, que era propenso a sospechar o ver mala intención en lo que decían o hacían los demás. Su gran debilidad era la incredulidad. Cuando se asoció a Jesús, comenzó a transformar su ánimo y la forma de reaccionar mentalmente. Era de temperamento melancólico.

Tomás es el gran ejemplo del hombre que tiene dudas, las encara y las vence. Jesús le da evidencias de su resurrección, igual que a los demás discípulos, y gracias a esas evidencias muchos Tomases han creído. Tomás fue testigo de muchos milagros que hizo Jesús y a pesar de eso duda, pero Jesús le da varias oportunidades para que sea un hombre de fe.

Cuando la persecución dispersó a los creyentes, Tomás fue a Chipre, a Creta, a la costa norafricana y a Sicilia, predicó las buenas nuevas del reino y bautizaba a los creyentes.

Quizás en algunas ocasiones hemos deseado tener a Jesús físicamente con nosotros, a pesar de haber experimentado milagros; muchas veces hemos dudado de su poder y su deidad. Pero así como a Tomás le dio varias oportunidades para que creyera, él nos la da a nosotros.

Igual que a él nos dio su Espíritu y nos dio Su Palabra para que podamos hallarlo. Él puede ser tan real si somos hombres de fe. El Espíritu de Dios en nosotros forma el carácter de Cristo en nuestro temperamento para que podamos testificar de él sin dudas y con plena convicción.

Ni los errores, ni los fracasos, ni el pasado, ni quiénes somos; determinan cómo vamos a terminar, sino lo que le permitamos al Espíritu Santo hacer de nosotros.

REFLEXIÓN:

·         Empieza a enumerar los milagros que has recibido del Señor.

·         Pídele que abra tus ojos espirituales para que puedas verlo.

·         Y dale gracias. Eso afianzará tu fe.

 

DIOS TE BENDICE.



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