Sigamos
reflexionando en el segundo cuadro de la parábola del hijo pródigo en el libro
de Lucas 15:25,32:
Cuando
el hijo mayor regresó del trabajo en el campo, oyó el sonido de música y baile en la casa y preguntó a uno
de sus sirvientes qué pasaba. “Tu hermano ha vuelto”, le dijo, “y tu padre mató
el ternero engordado”. El hermano mayor se enojó y no quiso entrar. Su padre
salió y le suplicó que entrara, pero él respondió: “Todos estos años he
trabajado para ti como un burro y nunca me negué a hacer nada de lo que me
pediste. Y en todo este tiempo, no me diste ni un cabrito para festejar con mis
amigos. Sin embargo, cuando este
hijo tuyo regresa después de haber derrochado tu dinero en prostitutas,
¡matas el ternero engordado para celebrar! Su padre le dijo: “Mira, querido
hijo, tú siempre has estado a mi lado y todo lo que tengo es tuyo. Teníamos que
celebrar este día feliz. ¡Pues tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida!
¡Estaba perdido y ahora ha sido encontrado!
Observemos
que cuando el hijo mayor regresa de trabajar y escucha el sonido de la música,
no entra a la casa ni le pregunta al padre qué sucede. Se queda afuera y le
pregunta a uno de sus sirvientes. ¿Por qué esta actitud? Esto demuestra que no había una relación
de padre-hijo, sino de trabajador con su patrón. El hijo mayor no tenía
mentalidad de hijo, tenía mentalidad de siervo, de jornalero. Él solo pensaba
lo que tenía que hacer y obedecer siempre. No entendió el concepto de una
relación de amor, en la cual como hijo supiera que era aceptado y amado por lo
que era y cómo era. No conocía la alegría
de amor a su padre ni a su
hermano. Nunca trabajó por amor a su padre o a su hermano, ni con la emoción de
ser copropietario de la finca.
Ø REFLEXIÓN:
Ø ¿Cómo te sientes en tu casa?
Ø ¿Te sientes aceptado y amado?
Ø ¿Qué tipo de relación tienes con tus padres y
hermanos?
Según la
mentalidad que tengas, sea de hijo o de siervo; así vas a mirar a Dios.
Oro,
para que Dios no solo sea una idea o un conocimiento, sino que tu vida se
convierta en una experiencia calurosa de una vida de familia, de una vida de fraternidad
conociendo su amor.
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