Un
psicólogo y filósofo dijo: “Una persona no puede viajar interiormente y
permanecer quieta exteriormente”.
¿Qué quiso decir? Que las manifestaciones
exteriores son una ventana del alma. Si una persona nos lanza una mirada que
mata, con toda probabilidad no está diciendo en su interior: “algo bueno te va
a suceder”. La actitud es un sentimiento interior expresado en la conducta, es
por eso que la actitud se ve sin decir una palabra. A veces podemos simular
exteriormente engañando a los demás, pero por lo general, ese fingimiento no
dura mucho.
Recordemos
el versículo de ayer:
“Tengan la misma actitud que tuvo Cristo”. (Filipenses 2:5)
¿Cómo
lograrlo? Renovando nuestra mente con La Palabra de Dios y con ella comprobamos
que la actitud cambia el comportamiento y que nuestras vidas la podemos
orientar a un horizonte más elevado.
REFLEXIÓN:
Selecciona
a uno de tus familiares o amigos y pídeles que evalúen tu actitud de acuerdo al
lenguaje corporal o a la expresión de tu rostro. Luego decide renovar tu mente
con el Manual de actitudes de la vida:
La Biblia.
OREMOS: Señor, te doy gracias porque tú
deseas que mi comportamiento esté acorde a lo que hay en mi corazón. Perdóname
por todas las veces que he simulado engañando a los demás y te pido que tu
Espíritu Santo produzca en mi convicción de pecado y arrepentimiento. En el
nombre de Jesús. Amén.
DIOS
TE BENDICE
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