En el capítulo 15 del Libro de Lucas, Jesús contó la
siguiente historia: “Un hombre tenía dos hijos. El hijo menor le dijo al padre:
“Quiero la parte de mi herencia ahora, antes que mueras”. Entonces el padre
accedió a dividir sus bienes entre sus dos hijos.
Pocos días después, el hijo menor empacó sus pertenencias y
se mudó a una tierra distante donde derrochó todo su dinero en una vida
desenfrenada. Al mismo tiempo que se le acabó su dinero, hubo una gran hambruna
en todo el país y él comenzó a morirse de hambre. Convenció a un agricultor que
lo contratara y el hombre lo envió al campo para que le diera de comer a sus
cerdos. El joven llegó a tener tanta hambre que hasta las algarrobas con las
que alimentaba a los cerdos le parecían buenas para comer.
Cuando finalmente entró en razón se dijo a sí mismo: “En
casa, hasta los jornaleros tienen comida de sobra, y aquí estoy yo, muriéndome
de hambre. Volveré a la casa de mi padre y le diré: “Padre, he pecado contra el
cielo y contra ti. Ya no soy digno de que me llamen tu hijo. Te ruego que me contrates
como jornalero”. Entonces, regresó a la casa de su Padre y cuando todavía
estaba lejos, su padre lo vio llegar y lleno de amor y compasión corrió hacia
su hijo, lo abrazó y lo besó. Le dijo a los servidores: ¡Rápido, traigan la
mejor túnica que haya en la casa y vístanlo. Consigan un anillo para su dedo y
sandalias para sus pies. Maten el ternero que hemos engordado. Tenemos que
celebrar con un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ahora ha vuelto
a la vida; estaba perdido y ahora ha sido encontrado! Entonces, comenzó la
fiesta.
La
actitud del padre marca el centro de interés de la parábola: una actitud tan
acogedora y benevolente, realmente sorprendente. El padre no deja que
el hijo haga todo el camino, sino que sale a su encuentro. Tampoco le reprocha
nada, el amor y el perdón es
anterior a todo. No se funda en razones, ni en resentimientos, ni en falta de perdón.
Solo después de la actitud del padre, el hijo pródigo puede expresar el
reconocimiento de su pecado y su indignidad.
Ahora la nueva situación está marcada por la alegría, hay
un nuevo comienzo, un nuevo tiempo, fruto de la permanencia en el hogar.
Esta es la actitud de nuestro Padre celestial si nos
volvemos a Él.
REFLEXIÓN:
¿Con quién podría tener una actitud de amor y perdón?
DIOS TE BENDICE.
Podemos ver qué la Actitud que tuvo el padre hacia su hijo fue de amor , comprensión, aprecio, alegría. Además no le reprochó nada al contrario lo recibió con honores . Y está es la misma Actitud que tiene nuestro padre celestial al aceptarlo en nuestro corazón como dueño y señor de nuestras vidas. Bendiciones 😇
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