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DEVOCIONAL: “ACTITUD Y COMPORTAMIENTO” (16)

 





Generalmente a final de año todos echamos un vistazo atrás y evaluamos los logros que obtuvimos, lo que pudimos realizar y no realizamos, quizás hicimos cosas de las cuales nos avergonzamos y vivimos con sentimientos de culpabilidad, con lo que hemos sido y por lo que hubiéramos podido hacer, por lo que hemos perdido, los errores familiares, laborales que cometimos, en fin, la evaluación puede ser larga.

El apóstol Pablo en el Libro de Filipenses 3: 12,16 (PDT) le dice a su discípulo Timoteo:

“No quiero decir que ya llegué a la perfección en todo, sino que sigo adelante. Estoy tratando de alcanzar esa meta, pues esa es la razón por la cual Jesucristo me alcanzó a mí. Hermanos, no considero haber llegado ya a la meta, pero esto   sí es lo que hago: me olvido del pasado y me esfuerzo por alcanzar lo que está adelante. Sigo hacia la meta para ganar el premio celestial que Dios me ofreció cuando me llamó por medio de Jesucristo. Entonces tengamos esa misma actitud todos los que hemos llegado a la madurez. Si en algo piensan diferente, eso también se lo aclarará Dios. En todo caso, sigamos viviendo de acuerdo a la verdad que ya hemos alcanzado”.

Pablo tuvo una actitud de triunfador, de vencedor porque no se estancó en su pasado, olvidó su culpa y se proyectó hacia adelante en una vida plena y de mayor significado: hacia Cristo, creciendo en el conocimiento de Dios y concentrándose en estrechar una relación con Él.

Aprender de los errores es una actitud de vencedor, pero también es cuestión de carácter porque debo reconocer con humildad que me equivoqué. El error se convierte en fracaso cuando no reconocemos, lo repetimos varias veces sin aprender de él. El fracaso implica derrota, caída y ruina. El fracasado decide quedarse vivir en fracaso.

La renovación de nuestras mentes por La Palabra de Dios, nos llevará a su conocimiento y por lo tanto, a una vida llena de sabiduría para tomar buenas decisiones. En Cristo, somos más que vencedores.

 ORO para que Jesucristo, sea el centro de tu vida, te llene de Su conocimiento, de su paz, de su humildad y te libre de todo sentimiento de culpabilidad y de estancamiento para seguir adelante.

                                         


DIOS TE BENDICE

 

 

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