Con el ejemplo de
ayer podemos concluir entonces que nuestra actitud puede convertir nuestros
problemas en bendiciones. La diferencia entre un obstáculo y una oportunidad es
nuestra actitud. Toda oportunidad tiene una dificultad y toda dificultad tiene
una oportunidad. La adversidad es prosperidad para los que poseen una gran
actitud. ¿Pero qué clase de actitud?
En el Libro de
Génesis podemos leer una historia de un joven llamado José, el hijo favorito de
su padre, un soñador de sueños proféticos que fue vendido por sus hermanos
envidiosos y llenos de amargura. Fue comprado por Potifar, uno de los oficiales
del Faraón. Como halló gracia ante los ojos de Potifar fue hecho mayordomo de
su casa y de todo lo que tenía. Su esposa lo seducía, pero como él tuvo una actitud de mente pura no le importó las
consecuencias de sus acciones. ¿Cómo pues haría yo
este mal y pecaría contra Dios?: (Génesis 39:9) Dijo José. Así que fue encarcelado y allí en la cárcel recibió
autoridad. Dios le dio el don de interpretar sueños por lo que se volvió
indispensable para el Faraón. En un sorprendente giro de los acontecimientos,
llegó a ser segundo al mando de todo Egipto. José tuvo una actitud temerosa de Dios.
Cuando uno toma
esta clase de actitud ante las adversidades, entonces experimentará bendición
como lo hizo José.
Nuestro reto debe
ser de armarnos con una actitud de agradar a Dios y Él bendecirá nuestras
vidas.
REFLEXIÓN:
¿Qué actitud
temerosa de Dios tomaremos hoy?
Oro para que la
sabiduría de Dios esté contigo en el momento de tomar una decisión
¡DIOS TE BENDICE!
Nuestra actitud puede convertir nuestros problemas en bendiciones. La diferencia entre un obstáculo y una oportunidad es nuestra actitud. Toda oportunidad tiene una dificultad y toda dificultad tiene una oportunidad. La adversidad es prosperidad para los que poseen una gran actitud. ¿Pero qué clase de actitud?
ResponderEliminarACTITUD DE MENTE PURA Y ACTITUD DE AGRADAR A DIOS.